Hay veces que hacer una colección me deja vacía y triste, que me resulta dificil, que me hace sufrir…Antes no sabía por qué ocurría esto, era algo que pasaba sin más, diseñar me dejaba exhausta…Pero con los años he investigado y aprendido mucho sobre el proceso creativo y empiezo a comprender lo que ocurre. Siempre lo digo en clase, crear conlleva sufrimiento, es trabajar con una parte de nuestro cerebro que no controlamos, es rebuscar sin encontrar, es encontrar y no estar seguro…el proceso creativo es precioso por lo que tiene de mágico cuando aparece una idea, pero es tan duro cuando una y otra vez no sabes como ha llegado, sobre todo cuando tu trabajo depende de ello.
Cuando diseño una colección no puedo evitar pensar en las anteriores que he hecho, en cada diseño, cada bolsillo, cada combinación de colores, cada prenda ingeniosa…y muchas veces no se cómo se me han ocurrido, sin más, han aparecido en mi cabeza. En algunas ocasiones las prendas que luego son las que tienen más éxito se me ocurren un par de semanas antes de la presentación de la colección, siempre las incluyo aunque vaya mal de tiempo porque esa intuición del último momento suele funcionar muy bien y suele ser “top ventas” como decimos nosotros.
Eso no significa que diseñar sea estar paseando y que se vayan ocurriendo ideas, al revés, pongo en marcha multitud de mecanismos para tener ideas e inspirarme, leer, ver arte, observar la naturaleza, hacer fotos…buscar temas de inspiración y luego trabajar una y otra vez sobre esos temas, hacer bocetos, romperlos, volver a hacer, garabatear sin sentido, oír música, dormir, soñar, escribir…todo esto ayuda a tener ideas buenas y propias, pero hacer todo este recorrido y ese trabajo no garantiza nada.
Creo que esa incertidumbre de que aunque le dediques todo el tiempo del mundo puede que no saques nada interesante es la que hace del proceso creativo algo difícil y estresante. Cuando tengo que hacer otras tareas (teniendo una empresa son muchas más las tareas mecánicas que desarrollo que las creativas) como por ejemplo hacer el escandallo de la colección, calcular los precios o maquetar el Look-Book no lo paso mal, sencillamente lo hago, si tengo que dedicarle mucho tiempo se lo dedico pero no me hace sufrir, es algo que se cómo empezar y como acabar y que además se que siempre haré bien. Pero cuando toca diseñar una colección empiezan los nervios y el miedo a no hacer nada bonito, aunque siendo franca también comienza la ilusión, la ensoñación y la magia.
A ratos me doy cuenta de que llevo tantos años teniendo esas ideas que fluyen solas, que aunque tenga miedo siempre salen, no se cómo, pero me alegra mucho encontrarlas y aunque sea duro disfruto infinito de todo el proceso de inspiración.